El verano y el calor pueden tener efectos positivos en ciertos aspectos. En ocasiones, perdemos la energía necesaria para disfrutar de una buena lectura, pero también es posible que ante el bochorno y las aglomeraciones turísticas optemos por una bebida refrescante, la sombra gratificante de un árbol y el placer de las páginas de un libro. ¿ Qué mejor perspectiva que elegir un autor nuevo o la relectura de un clásico o el hallazgo de aquel libro tanto tiempo olvidado y medio perdido entre otros muchos ?
El verano, os aseguro, es una estación ideal para perderse entre palabras, es el momento propicio de olvidarse de todo y como quien se da a la bebida darnos al negro sobre blanco sin prisas, con deleite, detener las horas y habitar mundos desconocidos, horizontes insólitos y emociones inesperadas.
Por eso os voy a dar una lista de los libros de mi verano 24 y aunque se hace imposible un comentario para cada uno de ellos, sí puedo ofrecer pinceladas, motivos para elegir y por encima de todo transmitir el gozo de pasar largas siestas colmadas de belleza.
Julio, el mes de más calor y el mes de las cármenes , marineras de vocación entre olas y vasos de agua fresca.
84, Charing Cross Road de Hélène Hanff. Leído hace años y releído ahora, con placer y acompañado de la película de 1987, basada en el libro y dirigida por David Hugh Jones que se estrenó entre nosotros bajo el título de La carta final. La trama es un intercambio de cartas entre un librero y su compradora americana.
De la caverna al cosmos de Eudald Carbonell, dudaba si leerlo o no por la última trayectoria algo zigzagueante del autor. Y sin embargo, me ha resultado interesante porque apunta tantas novedades y perspectivas para la especie humana que merece la pena saber que existen y que, entre todos, tenemos que pensar y avanzar el futuro.
El año del pensamiento mágico de Joan Didion. Fui a su lectura para comprender y acercarme a amigas y amigos que sufrieron pérdidas tan cercanas y dolorosas que nos conmueven a todos. Me decepcionó, no desaconsejo su lectura, pero lo considero algo insustancial comparado con el magnífico Una pena en observación de C.S. Lewis. Profundo, intenso, reflexivo. Un clásico difícil de igualar. No tuve tiempo de visionar, una vez más, Tierras de penumbra, la versión cinematográfica dirigida por Richard Attenborough en 1993. Quizá es erróneo comparar ambos libros.
Los europeos y El Baile de Natasha de Orlando Figes. Gran descubrimiento y lectura absorbente, recomendación fervorosa. El autor, un historiador y escritor británico, se adentra con fluidez y amenidad en la historia y la cultura, consiguiendo con la simbiosis de ambas una narración literaria de la vida europea en el primero y de la historia de Rusia en el segundo. Para mí, en parte, el recuerdo del verano del año 2024 irá unido a Orlando Figes y sus libros. Tengo pendiente continuar con su bibliografía.
Cerezas sobre la muerte de Mario Obrero. Lo conocí a través de una amiga que me recomendó sus poemas. Me cautivó un poemario tan personal, creativo e inesperado. Una mirada sobre la emoción y la memoria histórica en el que un centenar de soldados republicanos enterrados en una fosa común son el hilo conductor para ofrecernos la belleza del campo y la belleza de las lenguas diversas (català, castellano, galego, euskera, asturianu) que eran y todavía afortunadamente son, en nuestros días, una de las caras de la diversidad humana. Un poeta joven que hay que seguir con entusiasmo.
La vegetariana y La clase de griego de la premio Nobel Han Kang. Supongo que muchos conocían parte de su obra ya que está traducida desde hace algunos años, sin embargo, yo la desconocía. Y a pesar de mi reticencia a los premios, en general, me lancé durante los últimos días del mes a un par de sus obras más difundidas. Literatura coreana. Han YanK- nacida y residente en Corea del Sur – es una autora algo sorprendente por la originalidad de sus planteamientos y, a la vez, por la parquedad y concentración de la acción. En La vegetariana, la trama avanza de menos a más. De una cierta simplicidad al principio, va complicándose hasta envolvernos en los acontecimientos que rodean a la protagonista , Yeong-hye, la violencia, el desconcierto, el deseo, las decisiones, los sueños, la simbiosis con la naturaleza y la vida repleta de traumas y conflictos rodean a una mujer joven que un día decide dejar de comer carne. En el segundo libro, La clase de griego, un escenario absolutamente distinto enmarca el encuentro de un profesor y una alumna. Seres complicados, marginales, solitarios y peculiares que van caminando por la vida de una forma turbia , pero a la vez representativa de la vida de todos nosotros.
Y acabó julio. Un día de estos os hablaré de agosto, sus calores y sus lecturas.