En una vida nos da tiempo para muchas cosas, pero aún más nos falta tiempo para multitud de afanes, ilusiones, proyectos, encuentros, viajes, lecturas, conocimientos y un largo etcétera. A partir de ahora y sin ni siquiera dormir no podré cumplir con todos los deseos y entre ellos estaría el de conocer algunas lenguas y literaturas que han ejercido sobre mí una especial atracción. Entre ellas, y resultado de lecturas apasionadas, el de las sociedades centroeuropeas, crisol de culturas, mezcla de comunidades y cuna de individuos con personalidades destacables y destacadas en medio de convulsiones sociales y avatares históricos en muchas ocasiones desdichados y trágicos.
Recuerdo haber leído las memorias de Elias Canetti, que bajo el subtítulo de Historia de una vida agrupa tres libros (La lengua salvada, La antorcha al oído, El juego de ojos y un cuarto de difícil inclusión puesto que no lo pudo revisar de forma personal) y quedar maravillada de un tipo de familia nómada y con raíces europeas en el sentido amplio de la palabra. La familia de Canetti era sefardí y esa procedencia me llevó a intentar conocer el universo cultural de los judíos europeos, por lo tanto, además de ellos supe también de la otra gran comunidad; la de los askenazis y de su lengua: el yidish.
Pero como os decía, una primera vida no da para tanto si además la vivimos y he ido aparcando, año tras año, el deseo y dejándolo en el cajón de los propósitos.
Pero entre otras cosas, además la vida es un pañuelo y a veces los círculos se cierran.
El día 19 de febrero asistí a un Cafè Filosòfic en el Ateneu Santfeliuenc en el que se presentó y comentó el libro Figures geomètriques de Debora Vogel.
Su traductora, Golda van der Meer y Arnau Pons también traductor y poeta, especialistas y conocedores de la lengua yidish nos ofrecieron un recital de la historia retrospectiva y de la situación actual de esta lengua, diezmada a la vez que aniquilado el pueblo judío, hoy en día se reduce a un conjunto de comunidades dispersas y esforzadas en su mantenimiento y divulgación.
La versión catalana del poemario de Debora Vogel ha visto la luz gracias a una editorial muy interesante en su catálogo a la vez que exquisita en el cuidado de sus libros, la editorial Flâneur, afincada en Barcelona. Otra pista a seguir.
Bien, pues escuchando durante una hora y media la gestación del libro, el trabajo de recuperación de una autora y su obra y constatando lo mucho que desconocemos y la ilusión que despierta el saber que nos esperan libros bellos por los que merece la pena levantarse y abrir sus páginas, me volví a entusiasmar por lo que fue la cultura judía, la cultura centroeuropea, la cultura yidish y en definitiva una parte de nuestra cultura europea.
Y no acabó aquí, encima supe y tomé nota del nombre del gran poeta yidish Itsjok Katzenelson y de su libro El canto del pueblo judío asesinado. No tengo palabras ni ánimo para comentarlo. Lo encontraréis en la editorial Herder.
Me gustaría que leyerais con atención esta entrada de mi blog por una única razón; porque es un homenaje a la lengua yidish, a sus anónimos hablantes y a lo que un día fueron.